Contrariamente a lo que se puede pensar, Brasil no es un paraíso para los transexuales. Según Transgender Europe, Brasil es el país con la tasa más importante de asesinatos de personas travestidas y transexuales en el mundo. Hubo 144 asesinatos de personas transexuales en Brasil en 2016 y 183 en 2017 (cifras del Grupo Gay de Bahía). Sin embargo, estas cifras parecen ser una desestimación de la realidad. 

El problema principal que pone de relieve estas cifras es que no existe una ley particular que condene los crímenes transfóbicos, además los transexuales tienen pocos derechos reconocidos. Los principales actores que son un obstáculo a algún cambio o avance a favor de las personas transexuales son los lobbies católicos y evangelistas que son cada vez más poderosos. Ante estos grupos existen también importantes organizaciones defensoras de los derechos de la población trans que desarrollan acciones sobre todo en las grandes ciudades como, por ejemplo, la Casa Nem en Rio de Janeiro que acoge a personas transexuales que están en peligro. Y cuando se dice “peligro” no sólo se habla de intolerancia, sino de un peligro de muerte. Por ejemplo, el Orden de Abogados de Brasil explica que el tiempo medio de vida de un transexual brasileño es de 35 años. Además, 82% de las personas transexuales abandonan los estudios por culpa de una cadena de exclusión de la sociedad para ganar plata y crear redes de socialización involucrándose en la prostitución, en el tráfico de drogas o para actuar en casas nocturnas, lo que no facilita su sobrevivencia.

Sin embargo, cabe destacar que por otra parte existen cambios más o menos impactantes en el país que alientan poco a poco una evolución de percepción de la gente a propósito de las personas transexuales, como el caso del Tribunal Supremo que dio la posibilidad de cambiar el nombre y el género en su documentación sin pasar por cirugía, la emisión de una telenovela con un protagonista transexual, el acceso al equipo de voleibol a personas transexuales o el aumento del número de empresas con trabajadores/as transexuales, según lo publicado en el sitio web Transemprego, de 12 empresas en 2014 a 46 hoy. El problema es que estos derechos e hitos culturales logrados provocan también una radicalización más fuerte y profunda de los detractores de la causa transexual.

Berenice Bento, socióloga brasileña, explica lo que es para ella un transfeminicidio y sobre todo por qué existen. Según ella, un transfeminicidio es una política esparcida, intencional y sistemática de eliminación de la población trans en Brasil con móvil de odio y de asco. Su pregunta sociológica a propósito del tema de los transfeminicidios es: “¿Estas personas son víctimas de homofobia o de una expresión hiperbólica de la posición de la mujer en nuestras sociedades?”.

Ella explica, por ejemplo, que lo “femenino” representa la desvalorización social y que, entonces, una persona nacida en un cuerpo de hombre que se definiría más como una mujer, provocaría un insulto a la masculinidad. Es eso que hace desbordar la conciencia colectiva que piensa que el género es una expresión del deseo de los cromosomas y de las hormonas. Es decir, que no hay aparato conceptual, lingüístico, justificando la existencia de personas transexuales. Además, se podría pensar que esta violencia sólo nace de una homofobia importante, pero al final se ve también que en los entornos LGBTI la violencia es más fuerte contra las personas que tienen una estilística corporal femenina más que masculina.

Por lo tanto, estos asesinatos provienen de una voluntad de eliminación y de extinción de la persona asesinada, utilizando métodos espectaculares para dar el ejemplo, con el fin de mantener la cohesión y la reproducción de la “ley” del género, es decir “somos lo que nuestros órganos genitales determinan”.

Marion Agullo
Estudiante Ciencias Políticas
Universidad Science Po Toulouse, Francia
Pasante Fundación Henry Dunant